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Surfers ilustrados, cultura del salitre

surf

 Surf:

  1. (voz i.) m. Deporte náutico de origen polinesio que consiste en deslizarse y mantener el equilibrio sobre la cresta de las olas con una tabla especial.

Alrededor de esa curiosidad primera, del impulso natural que nos llevó a subir a una onda de energía líquida y compartir el latido del planeta, hemos desarrollado desde hace 500 años y particularmente en los últimos 50, toda una sofisticación, una industria, todo un attrezzo y un entorno dignos de atención. El mundo del Surf, su personalidad, puede ser un cosmos de tópicos y pulsiones girando en torno al deslizamiento más sencillo: una tabla, una persona y una ola. Esa realidad es la llamada “cultura” del Surf.

Para los que se acercan a él por primera vez o lo observan desde fuera, el Surf resulta generalmente un atractivo producto estandarizado, fashionista, popular y algo difuminado. Para los que lo vivimos de muchas maneras hace más o menos años es un ente en constante metamorfosis, una amante vapuleada, un privilegio y un camino de experiencias y sensaciones que forman parte de nuestra manera de sentir la vida. Pero todos, nuevos o antiguos, veteranos o novatos, mujeres y hombres, compartimos la seducción absoluta por las olas.

Puede que el abuso de la competitividad y el consumismo dentro del mundo del Surf y fuera de él, la avaricia y el interés nada más que por un rápido enriquecimiento, hayan provocado una ruptura con los arquetipos establecidos sobre este deporte y una corriente submarina de pensamiento y actividad alternativas .

Además de la imagen prostituida y ajada que las grandes corporaciones del mercado utilizan (y que, siguiendo su ejemplo, desgraciadamente muchas pequeñas compañías de surf también usan) para que compremos tablas, trajes, skates, coches, ropa, refrescos, objetos de consumo de cualquier tipo, por encima de la falta de contenido en el acercamiento al Surf de las nuevas oleadas de practicantes, contagiados inevitablemente del individualismo general, de la falta de compromiso ecológico, social, y de la superficialidad estereotipada, se desarrolla un movimiento inquieto, creativo, activo y solidario, que este articulo quiere reivindicar.

Desde empresas multimillonarias internacionales que cotizan en bolsa su imagen surfera y solo piensan en evadir y reinvertir en otros negocios a pequeñas empresas nacionales que se disputan beneficios a traición pensando solo en sus micro economías y maxi egos, la industria del surf no deja dudas: APESTA.

Y después está ese movimiento sincero que hace, innova, se involucra y mantiene vivo el mejor espíritu de este deporte.

En la música, en el diseño, en la literatura, el cine, la fotografía o la escultura. En iniciativas sin ánimo de lucro, de conservación medioambiental, de colaboración con países y personas que sufren la pobreza y la falta de oportunidades. En un impulso de comunicación y acción que expresa la voluntad del Surf de no reducirse a esa imagen de marca productiva que vende el capital o una moda alienante de consumo más.

Resulta imposible hacer una lista de las expresiones de ese espíritu alternativo; prácticamente cada día nacen nuevas voces, nuevas ilusiones, nuevas olas. Proyectos y realidades que muestran otra cara del surf, fuera del abuso comercial y meramente consumista que monopoliza el sistema.

Proyectos tan interesantes como Harapan Sumbawa, que trabaja con los niños de Lakey Peak, Surf N´ Shine, un programa de voluntariado a través del Surf para colaborar con comunidades de África, SURFAID o la Surfers medical association, creando infraestructuras sanitarias y apoyo médico en países que acogen nuestros exóticos surfaris. Organizaciones sin ánimo de lucro que promueven el desarrollo sostenible y la solidaridad con esos países, como Surfers sin fronteras. Iniciativas ecológicas nacidas del compromiso activo con el entorno que disfrutamos, como Surfers for cetaceans , Save the waves o Surfrider foundation. Clikando en estos y otros nombres del articulo podréis conocer sus paginas web.

La creatividad de este mundo surfista paralelo al producto oficial es inmensa. Cineastas, videoartistas y animadores de todo el mundo se dan cita en el Surfilmfestibal de Donosti, disfrutamos de artistas plásticos como Pablo Ugartetxea, Kilomba, Ben Waters, Andoni Galdeano, de fotógrafos y escritores como Willy Uribe, Jose Pellón, Guillermo A. Pando, Victor Gonzalez, surfistas que esculpen deshechos de las playas como Skeleton Sea , con la edición de libros como Mar de fondo, una recopilación de relatos que escritores e ilustradores donaron desinteresadamente para recaudar fondos para la preservación del litoral, o con asociaciones de agitación cultural como La oficina de los hechos, Uno de los nuestros, The critical slide society, con webs donde vanguardia y tradición se dan la mano. Bandas musicales como Smile, Melopienso o Goons of Doom. Galerías de arte como Apetit Gallery o Belaza, vinculadas al deslizamiento creativo. Editoriales como The fishbone project o artistas visuales como Jorge Hunt, Jan Latussek o el duo Wreck at Sea.

Y much@s más, cada día más.

Pasearse por estos lugares es respirar la brisa limpia de la costa, sentir reforzada esa fe en el género humano y en nuestro colectivo deslizante, disfrutar de los frutos de la experiencia maravillosa que tod@s compartimos, el Surf.

A todos aquellos que alimentan con su energía esta verdadera cultura del Surf, que regalan esa luz y que limpian el corazón del simple deslizamiento, una persona, una tabla y el mar, ¡Gracias!

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