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Surfaris Longhouse – Ghana, la joya Africana

Las Dunas blog, africa, surf

Akwidaa Old Town es una pequeña comunidad de pescadores en la costa de West Ghana, África. Sus olas son perfectos cilindros de energía en un mar absolutamente limpio bajo el sol ecuatorial, bordeados de arena blanca y selva virgen. No hay nadie en el agua. Preparamos las tablas y nos disponemos a entrar.

Para llegar hasta aquí después de aterrizar en Accra, la capital del país, hemos tenido que hacer muchos kilómetros de pistas de tierra entre selva montados en los más inverosímiles cacharros que puedas imaginar, con las tablas rudimentariamente atadas a viejos frigoríficos reciclados, saltando los baches en la trasera de camiones desvencijados, empujando viejos buses para atravesar ríos…

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Pero sobre todo hemos tenido que vencer nuestro miedo a viajar fuera de lo establecido, hemos tenido que comprender que la aventura comienza cuando simplemente decidimos romper nuestra rutina cotidiana, nuestras limitaciones autoimpuestas, cuando imaginamos y hacemos, cuando no delegamos en estrellas mediáticas para que ellas cumplan y nos vendan nuestros sueños, renunciando a hacerlos realidad nosotros mismos.

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En el Longhouse queremos que imagines y hagas realidad tus viajes, animarte compartiendo los nuestros a que te embarques en tu aventura personal, no solo a que admires resignadamente las de otros.

África suena a peligro, dificultades y destino imposible. No es así.

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África es el continente madre, lleno de costas maravillosas y naturaleza virgen, lleno de las sonrisas, hospitalidad y cariño de sus millones de habitantes, lleno de culturas milenarias y olas perfectas, lleno de alegría a pesar de sufrir la explotación, la pobreza, la marginación, la mala fama y la conveniencia de los países industrializados para que siga así.

Hemos llegado hasta aquí buscando esencias, olas limpias y el espíritu de la aventura, siguiendo la estela de  pioneros que en los sesenta nos mostraban estas costas en la inmortal “Endless summer” de Bruce Brown.  Nuestra primera etapa es el “surftown” del país, Busua, donde está el único club y la única surfshop de Ghana. Black Star surf shop es una rudimentaria cabaña construida en la arena con media docena de viejas tablas partidas y arregladas mil veces y que los locales comparten entusiasmados en el beach break del pueblo. Rodeados de barcos de pescadores que salen de la arena, de improvisados partidos de futbol al atardecer, compartimos con ellos surf, risas y consejos para nuestro viaje en busca de olas desconocidas.

Busua surf, Longhouse

Todos nos recomiendan continuar hacia el cabo Cape Three points, en dirección noroeste, hacia la frontera con Costa de Marfil, el faro mítico del cabo. La costa de Ghana, el país con la más antigua y consolidada democracia de África, la menor delincuencia, la  sociedad más estable y una de las economías, sanidad y educación más pujantes, se extiende por el oeste y las olas en torno a ese cabo son excelentes: cala tras cala nos sorprende la belleza y calidad de estos arenales y la simpatía de los locales.  Siguiendo sus consejos exploramos despacio, al ritmo del país, la zona que nos indican. Y así llegamos a Akwidaa, por sorpresa.

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En la desembocadura del río, casas de adobe, madera y metal, sin electricidad o agua corriente, nos reciben arrimándose sobre la arena en un laberinto de humanidad que mira al mar desde hace siglos. La bahía, el istmo, la selva y las playas son bellísimos, el paraíso tropical que todos imaginamos. Series de olas ordenadas rompen en varios puntos y, rodeados de niños descalzos, caminamos por el sendero hacia la aldea sosteniendo las tablas y sintiendo esa sensación: hemos llegado.

Ghana, longhouse

El desarrollo, tal y como lo entendemos, ha pasado siempre lejos de aquí. Se ha quedado en New Town, un reasentamiento del interior escindido de Akwidaa. Allí ha vencido el sedentarismo agricultor frente a la provisionalidad del mar, ganó el cruce de caminos a la playa, el mercado y la venta dejaron atrás al promontorio rocoso y a la pesca. Unos kilómetros tierra adentro hay escuelas, tiendas, talleres e iglesias de todos los credos. Se vende cerveza fría y se ve la televisión. Aunque para llegar a New Town desde nuestra “civilización” también hay que atravesar Kms de selva por pistas de tierra, esa comunidad representa la modernidad para Akwidaa, la olvidada y orgullosa perla pirata.

El hospital más cercano está lejos, en Dixcove. Lo visitamos junto a la escuela antes de entrar al agua guiados por Charity, la enfermera jefe. Charity lleva años trabajando aquí, ha visto pasar a muchos médicos, profesores y enfermeras que solo soportaron la presión durante unos meses. Actualmente, un médico, 4 asistentes y un puñado de enfermeras atienden sin casi medios a una población estimada de 30.000 personas. El porcentaje de muerte infantil hasta los 3 años es del 50%. La malaria, el cólera o el tifus son pandemias crónicas. La única ambulancia duerme definitivamente averiada en la puerta, un monumento oxidado al esfuerzo de esta gente.

Busua, Longhouse

Ya en el mar no podemos más que sentir la fuerza callada del continente africano, su hospitalidad, su enorme belleza. Y sus olas, perfectas para el Long y sin multitudes o malas vibraciones occidentales. En silencio, ola tras ola, contemplamos como los niños locales  recogen pedazos de corteza y ramas de árbol traídos por el mar e improvisan de manera natural unas tablas para divertirse en las olas y surfear con nosotros entre risas y bromas: sin saberlo, han inventado el Surf otra vez.

La calidad de las olas nos sorprende, y el ritmo sereno de las sesiones entre solo unos pocos amigos nos va contagiando de la tranquilidad local, de la falta de ansiedad y la alegría sencilla que transmite este pueblo. Nos deslizamos juntos en ondas de armonía liquida, más allá de diferencias de raza, cultura o desarrollo económico.  El surf ha saltado todas las barreras que el sistema había puesto entre nosotros, y la sensación de hermandad es total.

Longhouse, ghana

Al anochecer un chico corta unas botellas de plástico y las convierte en tambores improvisados. Con dos ramas de bambú interpreta música y percusión para todos. Comienza el baile, los niños gritan, saltan, ríen a carcajadas. Mientras se danza, los botes salen a pescar un día más con la marea. Cruzamos el puente de madera pensando en que éste es el centro del mundo, la realidad, y que nosotros, ahí afuera, en las inmediaciones de la vida, soñamos un espejismo alucinado. ¡Gracias, Akwidaa, gracias Ghana!  ¡Medah si pah, Afrika!

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Texto y fotos: Alvaro Urkiza para el Longhouse

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